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Alí Primera: eterno legado de revolución, amor y solidaridad

16 feb

Mariandry Laclé YVKE

“Bluyin”, camisa roja, gallito en pecho, par de botas y guitarra en mano era el acostumbrado atuendo de quien se convertiría en el eterno cantor del pueblo venezolano : Alí Rafael Primera Rossel.

Alí o Ely (según reza su partida se nacimiento) nació el 31 de octubre de 1942 en la ciudad de Coro, estado Falcón. Hijo de Antonio Primera y Carmen Adela Rossel. Don Antonio se desempeñaba como funcionario de la policía y falleció en medio de una balacera en 1944, dejando al pequeño Alí huérfano de padre con tan sólo dos años y nueve meses de edad. Pasó su infancia entre San José de Cocodite y Las Piedras, ambas poblaciones pertenecientes al estado Falcón.

La inmensa sensibilidad social se fue forjando en Alí desde su niñez. De pequeño se paseaba por los “carros casas” de los gringos que eran contratados por las petroleras para trabajar en Paraguaná y observaba como se alimentaban a placer y con lujos, mientras la gente de su pueblo, entre los que se contaban él y su familia, pasaban hambre.

En las tierras áridas de Paraguaná, Alí ayudó a su madre y hermanos con la venta de empanadas y dulces caseros. Algunos vecinos le recuerdan pidiendo siempre la “ñapa” y dirigiéndose feliz de vuelta a su casa, independientemente de qué tan buena o mala había sido la venta.
Familiares hablan de la personalidad del cantor

A los seis años de edad, Alí se inició como “limpia botas”.” Hoy no fío, mañana sí”, dice el letrero del cajón, aún conservado por su familia en Punto Fijo. Pese a la situación precaria que tuvo que atravesar, es recordado por sus familiares como un ser humano dispuesto a compartir todas sus cosas con quien demandara alguna necesidad.

“Alí no soportaba ver a un ser humano pasar hambre. Él llegaba a la casa y decía: “Mamá, ¿qué tienes por ahí para comer? Porque me encontré a estos niños con hambre”, cuenta su hermana menor materna, Mireya Padilla Rossel. No conforme con esto, buscaba de su ropa limpia y zapatos para vestir a los pequeños que encontraba desnudos y sin calzado.

Entre los 12 y 13 años de edad, fue boxeador, durante esta etapa de su vida se dedicaba a apostar en las peleas y el dinero que obtenía lo destinaba para ayudar económicamente a sus familiares.

Mireya lo describe también como un hombre muy “picaflor”. “¿Alí? ¡Ay, Dios! Ese era muy enamoradizo, nunca voy a olvidar que yo tenía una lista de todas las jovencitas que tenía por novias, porque, además, él dejaba una excusa diferente para cada una. Cuando regresaba, si yo había hecho las cosas bien, me decía: ‘buena secretaria’”, relata Mireya entre risas.

Mireya, además comenta que Alí era de muy buen humor. “Siempre tenía un chiste, pero también debo decir que su carácter salía a flote cuando veía que alguien se aprovechaba de otra persona, ante las injusticias en general. Pero si tu le llegabas con una sonrisa, ése hombre te respondía con una más grande”, señala.

Con sus sobrinos, Alí se caracterizó por ser un tío cariñoso y ejemplar. “A mi tío siempre le gustaron las cosas bien hechas. Fue muy consentidor y cuando podía nos sacaba en su camión a la playa para pasar rato con nosotros”, relata su sobrina Zuly Primera, quien tenía 13 años de edad cuando falleció el cantor.

Sandino Primera tenía 5 años con 11 meses cuando muere Alí, pero de su experiencia lo describe como un padre excepcional, amoroso y preocupado por el bienestar de los suyos. “Recuerdo que siempre me hacía cosquillas con su barba y cuando duraba tiempo de viaje y llegaba, al vernos él corría desesperado a abrazarnos. Siempre estuvo pendiente de su gente”.

Otro de sus hijos, Alí Rafael, afirma que pese a no haber tenido la oportunidad de conocer a su padre, las canciones han sido su mejor compañía: “la mejor herencia de mi padre para mí y para su pueblo son sus canciones. Allí está el espíritu de lucha, la humanidad y sensibilidad que lo caracterizan”.

Su paso por “la casa que vence las sombras”

Alí terminó su educación básica en el Mariano Talavera de Punto Fijo y de allí se fue a la ciudad capital donde obtuvo su título de bachiller en el Liceo Caracas. Ingresó específicamente en el año 1965 a la Universidad Central de Venezuela (UCV) para realizar estudios de ingeniería química. En los cafetines y jardines de la máxima casa de estudios, se dio a conocer como el “serenatero”.

Estudiantes de la época, como Fátima Lugo, lo recuerdan inquieto, deambulando por los pasillos con su guitarra y alzando cantos en protesta por las injusticias sociales. “Me acuerdo de Alí por su inigualable personalidad. Él andaba por las instalaciones de la universidad cantando y era el primero que salía con pancartas a protestar por lo que se estaba haciendo mal. Además, nos reuníamos con él en tierra de nadie a escucharlo. Trataba de hacer despertar al pueblo”, asegura Fátima.

Europa y su primer par de retoños

Alí Primera se hizo militante del Partido Comunista de Venezuela, organización política que le otorgó una beca en 1968 para realizar estudios de química de petróleo en Rumania. Estando en tierras europeas, grabó su primer L.P. titulado “Gente de mi Tierra”, que luego sería vetado por el gobierno venezolano.

En Europa, Alí conoce a Taria Osenius, maestra de idiomas oriunda de Suecia, con quien tuvo sus primeras hijas: Maria Fernanda “Chimpi” a quien le dedicó el tema “Los pies de mi niña” y María Ángela “Marimba”, a la cual le escribió “La piel de mi niña huele a caramelo”.

La estadía en Europa no fue fácil para Alí, la difícil situación económica le llevó a lavar platos en restaurantes y a cantar en distintos locales para hacerle frente a su crisis. Él mismo en una oportunidad llegó a afirmar: “En Europa el mundo se me hacía chiquito aún con los latinoamericanos. Yo lavaba platos por no vender mi canto y a veces lograba cantar en sitios donde realmente se respetaba mi canción”. En 1973 regresa a su país natal con su mujer y sus dos niñas a vivir en un apartamento de El Valle, Caracas.

Más tarde, culmina aquella relación sentimental e inicia otra con una caraqueña llamada Noelia Pérez, en quien engendró a Jorge Ernesto “el tupamaro”, apodo que le colocó el mismo Alí en referencia a los guerrilleros urbanos de Uruguay.

Según su hermana Mireya, Alí nunca perteneció a un grupo guerrillero de manera oficial, pero sí sostenía reuniones y encuentros con algunos: “Mi hermano nunca ingresó a las filas de un grupo guerrillero, pero sí los apoyaba, les ayudaba a obtener recursos y de vez en cuando participaba en reuniones para dar su aporte ideológico”.

Es ése mismo año en el que regresa a su Venezuela natal (1973), Alí primera apoyó a José Vicente Rangel en su primera campaña electoral. Sobre Rangel, el cantor llegó a decir: “Es el único candidato que he apoyado en la vida en razón de que encarna el hombre de carisma y que ha elevado su nivel de compromiso con las luchas populares”.

Le llegó su Sol y eterno amor

El 10 de Marzo de 1977 Alí Primera conoce a la cantante Sol Mussett en un evento llamado Los venezolanos primero, dirigido por Gerardo Brito y realizado en Barquísimeto, estado Lara. Sol fue invitada como ganadora del primer lugar de la voz liceísta en años anteriores, para aquél entonces la joven tenía a penas 17 años de edad. Ella misma relató el encuentro y la odisea que atravesó la pareja en una entrevista exclusiva para YVKE Mundial:

“Mientras cantaba, yo sentía una mirada muy fuerte y cuando me di cuenta era Alí. Me bastó verle la transparencia de sus ojos para darme cuenta de su calidad espiritual. A partir de ése entonces, en mi se despertaron los sentimientos más bellos.

Durante la reunión, Alí se acercó a Rafael Mussett, hermano de Sol, y le dijo que le parecía que cantaba muy lindo aquella joven, que le gustaría grabarle un disco.

“El manifestó su interés en grabarme un disco y, por supuesto, de allí salió la gran anécdota, porque efectivamente me hizo mis cuatro mejores canciones, las cuales quedaron grabadas en mi vientre, se llaman: Sandino, Servando, Florentino y Juan Simón”, comenta Sol sonriendo.

Sin embargo, como buena historia de amor, no todo fue rosa en esta pareja. La diferencia política entre el papá de Sol, quien era “adeco” férreo para la época, y Alí, no permitió, en un principio, que la relación se desarrollara en completa armonía.

“Cuando a mi papá le dijeron que Alí era un comunista, rompió la primera correspondencia de discos que me había enviado y me prohibió recibir sus llamadas, cartas, en fin, tener algún tipo de contacto con él”, relata la señora Sol.
Los novios se las ingeniaron y Ali pasaba tres veces al día en un carro que pedía prestado, sólo para tirarle un beso, tocarse el pecho y en silencio susurrarle a su enamorada un “te amo”.

Luego de muchos inconvenientes y conflictos que llevaron a que la mamá y hermanos se enfrentaran al padre de Sol, éste por fin aceptó recibir la visita de Alí en su casa. Cuando llegó el tan esperado día, el señor Rafael Musset lo recibió gritándole a Sol: “Negra, por esto es que usted llora enamorada. Este guaro es muy feo”.

“Una vez en la sala mi papá le dice: ‘Mire, Alí! A mí no me gustan los amores “madura cambures”, deje de estar sobándome a la muchacha para madurármela, póngale fecha a ese matrimonio ya’”, recuerda Sol.

De allí en adelante, Alí Primera fue ganando espacio en aquella familia de adecos. Gracias a su nobleza y paciencia, el padre de Sol lo aceptó y hasta comenzó sostener largas conversaciones con su yerno, el comunista.

“Mi mamá estaba muy enferma, por lo que llegó un momento en que las visitas comenzaron a ser más para ella que para mí. Alí le compró una silla de ruedas y siempre estuvo muy pendiente de ella, hecho que hizo que se ganara el afecto de mi padre. Recuerdo que si le regalaban algo alusivo al partido AD, porque a él le hacían muchas bromas con eso, se lo traía a mi papá”, comenta Sol.

Sol Musset y Alí Primera se casaron el 17 de junio de 1978. Las tarjetas de la boda llevaban impresas la humildad que ha caracterizado siempre la personalidad del “cantor del pueblo”, pues donde las invitaciones suelen decir el tipo de traje a usar, Alí le mandó a escribir a las suyas: “la sencillez nunca deja de ser elegante”.

“Nuestra boda fue del pueblo, tanto así que la primera invitación Alí se la entregó a “Marquito”, un señor del estado Lara que vendía quesos por la calle”, manifiesta la esposa del cantor.

“Estar a la orilla del riachuelo”, fue el tema que Alí primera le dedicaría a su esposa Sol Mussett.

Perseguido, pero no acallado

Alí Primera fue objeto de numerosas persecuciones y atentados a causa de la temática de sus canciones.
Las emisoras radiales que se atrevían a poner los temas de Alí eran cerradas o los locutores botados. No obstante, fue impresionante la cantidad de gente que se sabía sus letras, así lo demostraban en los encuentros en los que se presentaba el cantor.

En una oportunidad, mientras Alí viajaba a México, su apartamento 12-3 del edificio Araguaney, ubicado en El Valle, fue allanado. Destrozaron las instalaciones, incluyendo colchones y demás enceres, los cuales se encontraban impactados por balas.

“Yo nunca voy a entender cuál era el odio, qué tanto mal podía hacer un hombre que cantaba “que triste suena a lluvia en los techos de cartón”, manifiesta Sol Mussett.

Cuando estuvo preso en la Digepol, Alí fue torturado. Le colocaban constantemente electricidad en la garganta. “Alí me contaba en las noches de aquellas opresiones y me decía ‘ellos pensaban que así me callaban la boca, pero eso jamás’ y así fue”, afirma su viuda.

Como anécdota, la hermana del cantor, Mireya Padilla Rossel, cuenta que uno de sus hermanos, Alfonso Primera, era oficial de la policía y fue a sacar a Alí de la cárcel, pero, cuando le llama para decirle que estaba libre, el joven revolucionario le contestó: “¿A mi sólo? ¡Pues no, señor! Cuando salga el último de los que están conmigo, salgo yo”.

En Acarigua también Alí sufrió un atentado en el que le dispararon a la camioneta que conducía, pero fue ingenioso, se salió del carro y dio vueltas para que los funcionarios de la Digepol creyeran que había fallecido. Más tarde, el cantor contaría cómo uno de los hombres se acercó, le dio una patada y dijo: “ya a este lo callamos”.

Un canto que sigue vivo

Los temas que escribió la pluma de Alí se han caracterizado por ser premonitorios y hasta proféticos. Un ejemplo de ello es el tema “La noche del Jabalí”, escrita por el cantor a la nación de Haití y que ha tomado más vigencia que nunca a raíz del último terremoto que devastó ése país el pasado 12 de enero de 2010.

Sobre el día en que Alí escribe esta canción Sol Musset relata: “como yo siempre le dejaba grabada la emisora que se atrevía a poner sus temas y se la colocaba a penas llegaba, ése día yo tenía la radio encendida, pero Alí llegó llorando desesperado, pensé que algún familiar había muerto, porque a penas pudo hablar me dijo ‘ven, mi amor, tenemos que conversar’. Desesperado me decía ‘me están matando a mis carajitos, a los estudiantes, a las amas de casa en Haití y qué estoy haciendo yo por ese pueblo, ¡qué estoy haciendo!’, me decía sin parar de llorar”, recuerda Sol.

Los últimos momentos de Alí…llega el 16 de febrero de 1985

El último concierto de Alí Primera fue en Maracaibo, estado Zulia, el 12 de febrero de 1985, día de la juventud. El 14 de febrero fue a buscar a Sol que estaba en casa de sus padres para con ella compartir el día de los enamorados.

El 15 en la mañana llevó a Sandino, Servando y Florentino a la fiesta de carnaval del colegio. Esa misma mañana, mientras Sol le acomodaba su cabello, él quiso cortarse uno de sus rulos para entregárselo a su hija mayor, María Fernanda, mientras lo hacía pronunció las siguientes palabras: “toma, hija, por si acaso algún día tu padre ya no está contigo”. Además, Alí le dio instrucciones a su esposa de cómo hacer algunas cosas que en casa acostumbraba a realizar él.

Al mediodía hizo una sopa de papas, que era lo único que tenían en casa porque no había podido cobrar, y con eso quiso alimentar al pequeño Juan Simón de tres meses. “Nunca se me va a olvidar que encontré a mi esposo dándole sopa de papa al bebé y le dije que no lo hiciera, porque eso le iba a caer mal, que yo le daba pecho y, sin embargo, Alí me respondió ‘no has comido bien’. Insistí, diciéndole que había tomado suficiente agua, pero mi amado cerró aquella conversación con un ‘Déjame hacerlo, así cuando crezca le dices que su papá le preparó y dio su primer plato de sopa’”, relata Sol Musset con sus ojos entristecidos.

Alí Se fue de su apartamento cuando ya eran alrededor de las siete de la noche, pero vaciló varias veces antes de irse. “Me dijo: ‘vamos a despertar al carajito (Juan Simón), juego con él un rato y me voy’, pero no quise porque me lo iba a dejar todo embochinchado y después yo solita tenía que lograr que se durmiera nuevamente y tenía mucha ropa para planchar. Sin embargo, me arrepiento de no haberlo dejado hacer lo que quería, porque lo de la ropa se podía haber hecho después”, confiesa Sol.

“Ese día lo acompañamos hasta la puerta. Su niña Maria Fernanda le llevó la guitarra, Sandino el cuatro, Servando el maletín y yo cargaba entre mis brazos a Florentino”, precisa.

“Mi vida, te amo. Mis hijos, los quiero”, con estas palabras Alí primera se marchó de su hogar y en la madrugada del 16 de febrero de 1985 un fatídico accidente en la Valle-Coche de Caracas acabó con su vida. Su hermana Mireya relata:

“Por casualidad de la vida, uno de los muchachos que iba en el automóvil que impactó el carro de Alí era hijo de un amigo de él. A ése joven, Alí le había regalado el traje de graduación que estaba usando esa noche. Quien lo iba a imaginar”, manifiesta la hermana del cantor.

Al momento de su accidente, Alí venía de una sesión de grabación. Después de su muerte, José Montecano, uno de sus hermanos, también cantante, músico y compositor, culminó el álbum, el cual fue llamado Por Si No Lo Sabía.

Hoy, es propicio recordar que desde que el cuerpo sin vida de Alí fue sacado de las instalaciones del Alma Mater, lugar donde fue homenajeado en una ceremonia presidida por el entonces rector Edmundo Chirinos, hasta los pueblitos más recónditos que pasaron antes de llegar al cementerio, salió todo el pueblo a despedir a su Alí con claveles rojos en mano, rojos por aquella canción que grabó el cantor, aún en contra la voluntad de su esposa, la cual que dice:

“Cuando tenga los cuatro metros bajo mi tierra liberada, quiero que mis camaradas me despidan con canciones, flores rojas, puño en alto, y que me prometan seguir luchando por la alborada, que también es camarada”.

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